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DEPORTES

Una eliminación mundial: ¿y ahora qué?
17.07.2018 | 23:44hs

 Un árbol que tapa el bosque, o en este caso un partido emotivo que puso bajo la alfombra un desarrollo mundialista pobre.

  pero ahora la eliminación argentina del Mundial arrastra una estela de autodestrucción que parece no tener respuestas y mucho menos un futuro cierto. ¿Y ahora qué?

 
La derrota ante Francia dejó expuestos severos problemas integrales del equipo nacional. Sería análogo a un vehículo que choca y luego se ven todas las fallas: cada una de las partes no estaba en su estado ideal, por lo que la colisión llegaría en cualquier momento. Claro, una eliminación mundialista poco tiene que ver con un siniestro, pero en este caso, jugadores, dirigentes y cuerpo técnico tuvieron errores. El fútbol argentino necesita un replanteo a nivel macro.
 
En principio, todo indica que es un ciclo cumplido para una generación que brilló en Argentina y Europa, pero que en la Selección le faltó la última puntada. Las tres finales con derrota marcaron a fuego a este grupo muchas veces tildado de perdedor. Tan cierta es la falta de un título grande como la poca valoración que se le dio a esas oportunidades que otras figuras hubiesen querido tener. 
 
Javier Mascherano fue el único que anunció que su carrera en el equipo nacional concluiría luego del Mundial, y Lucas Biglia lo hizo tras la caída en octavos. Sergio Agüero se puso a disposición del técnico ("Jorge Sampaoli u otro", aclaró). El resto, incluyendo al capitán, al símbolo, Lionel Messi, se fue en silencio. Casi todos superan los 30 años y las dificultades para ser protagonistas en Qatar 2022 lucen más grandes que las imaginadas. El propio DT, cuestionado hasta el hartazgo salvo en su propio entorno, aclaró que no piensa en su salida.
 
Rusia 2018 dejó en el camino mucho más que una eliminación, que sería un simple resultado deportivo producto de dos posibilidades. Esta vez hubo situaciones extras, como una promo no deseada que venía incluida. Desde el punto de vista estratégico, el nivel de improvisación de algunas decisiones sobredimensionó las falencias del equipo.
 
Algunos jugadores parecían inamovibles de la formación titular, como era Giovani Lo Celso o Marcos Acuña, pero llegado el torneo, todo se diluyó y el volante rosarino no ingresó ni un minuto. Otros, fuera de la primera consideración, terminaron siendo piezas claves y con responsabilidades demasiado grandes para una experiencia corta. Los permanentes cambios alteraron los humores y también el rendimiento. Pero a veces es muy difícil sostener algo en el tiempo si los resultados no son los deseados.
 
La Selección careció del famoso "plan B". Además del caso Lo Celso, Paulo Dybala apenas jugó 22 minutos, a Cristian Pavón se le pidió ser el salvador con escasos partidos en el equipo nacional, y varios futbolistas jugaron fuera de su posición habitual, con todo lo que eso lleva. Los cambios nunca llegaron a tiempo y pocas veces resultaron.
 
Cambios. Para el fútbol argentino, urgentes, pero no desesperados. La base de la pirámide deben ser los juveniles, arrasados desde hace más de una década y que en la actualidad expone déficits de funcionalidades o posiciones. Sin un trabajo serio en inferiores de la Selección, la mayor tampoco tendrá solidez. La era de José Pekerman es el testimonio irrefutable. 
 
Pasó la tormenta mayor para Argentina, pero no el caos, cuyo punto de partida maldito fue la elección para presidente de AFA que terminó 38 a 38 con 75 asambleístas. El siguiente paso fue un carnaval de intrigas, luchas de poder y guerras internas que derivó en un acto de votación con un candidato único (Claudio Tapia) consensuado.
 
"Chiqui" asumió más de un año después del bochornoso escándalo, y en una de sus primeras medidas, despidió a Edgardo Bauza, técnico de la Selección, por los malos resultados y un rendimiento poco acorde con el nivel de los futbolistas. Logros no muy diferentes a los de Sampaoli: en partidos oficiales, el "Patón" ganó tres y perdió otros tres, y empató dos, mientras que el de Casilda está 2-4-2.
 
Es imprescindible que la dirigencia apunte a una propuesta que piense más en el mañana y no en el desmadre de hoy. En los últimos años la AFA modificó tanto el nombre del DT como el estilo: desde la salida de Pekerman en 2006 pasaron (entre renuncias y despidos, y muchas versiones) Alfio Basile, Diego Maradona, Sergio Batista, Alejandro Sabella, Gerardo Martino, Bauza y ahora Sampaoli. Demasiados y muy disímiles.
 
No será sólo una cuestión de históricos, jóvenes o el tan mencionado club de amigos. Será el inicio de un tiempo nuevo en el que muchos de los futbolistas que apenas tuvieron minutos durante este período pasarán a ser líderes. Con suerte, a algunos de ellos no se los pondrá en tela de juicio de la misma forma que a varios actuales, a quienes pasamos tanto tiempo discutiéndolos que ahora advertimos que están en un contenedor de residuos y buscamos, de forma desesperada, rescatarlos. 
 
Casi con seguridad, será un hecho que la renovación del equipo nacional excluya a los dirigentes. Todos pasan, pero la jefatura del fútbol argentino siempre está, y con ellos sus luchas intestinas y su capacidad para incidir en redes y teléfonos celular para inclinar la balanza. ¿La invitada de lujo? La política, habida cuenta que cada directivo juega su papel para funcionarios de algún partido y hasta existen unos pocos con línea directa con líderes gubernamentales. Desde hace décadas los gobiernos de turno intentaron hacerse con el control de Viamonte 1366 y en la actualidad no hay excepciones.
 
Desde los medios también debería haber un mea culpa. Las influencias nacen desde este sector, ya sea por dirigentes, políticos o simple favoritismo hacia algún jugador. Siempre sale dañada la Selección si la trascendencia de un audio imposible de verificar es igual a la de un entrenamiento o un análisis futbolístico.
 
La Selección dijo basta en Rusia. Siempre apeló más a una jugada fortuita, a un milagro o una épica que al fútbol en sí. Sin plan de juego, seguir adelante es imposible. Es parte del fútbol argentino, un sistema que necesita evolucionar y no encuentra el cómo. Seguramente no exista una única solución, mágica e instantánea. Pero el primer paso son las bases, los jóvenes, y luego el cuidado de los clubes, acuciados cada vez más por la economía y sin otro desenlace aparente que las desconfiables sociedades anónimas.
 
Queda afuera del Mundial en octavos era una posibilidad, y seguramente es más "grave" lo de Alemania. La diferencia radica en la estructura que hay detrás. La pregunta es ¿y ahora qué? Un proyecto serio, de una vez al fin, en pos de una Selección que no sufra como en Rusia.
 

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